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Lecciones aprendidas de las sorprendentes elecciones del 2016

29/11/2016

​Por Oscar Pardo, director del Cider. Universidad de los Andes 


Pasado los procesos electorales del Brexit en el Reino Unido, el plebiscito en Colombia y la elección de Donald Trump en los Estados Unidos, vale la pena hacer una serie de reflexiones sobre el papel que juegan las universidades con los resultados obtenidos y en futuros ejercicios democráticos. La primera reflexión va encaminada a entender el juego que están teniendo los medios de comunicación y las redes sociales. Cada vez las estrategias de los candidatos o de los partidarios de las diferentes opciones, están enfocados en mensajes que independientemente de que sean verdad o no, sean creíbles, sencillos y contundentes. Las características de las redes sociales con estructuras de mensajes cortos y resumidos también se prestan a contenidos y análisis incompletos.


Por otro lado, publicaciones o páginas web de contenidos serios y de análisis con cierta profundidad son cada día menos leídos, tal es el caso de revistas críticas en torno a temas internacionales, políticos y de economía como  Bloomberg, The Economist, Forbes, Fortune, The Nation, The New Yorker, las cuales han reportado un descenso de más de 14 mil ejemplares en su circulación y lecturabilidad entre el 2011 (57.377 ejemplares) y el 2015 (42.915 ejemplares)[1]. Es presumible que esta tendencia se va a consolidar en el futuro, por lo tanto ¿qué podemos hacer las universidades ante esta realidad? Ante la primera tendencia sobre los mensajes rápidos y sin veracidad, las universidades deberíamos estar preparados con suficiente tiempo de antelación a cada elección para generar foros de manera muy rápida para cuidar la línea de la objetividad y verdad. Esto acompañado por estudios ágiles soportados con datos estadísticos incuestionables. Ante la segunda tendencia con las redes sociales, es fundamental que las entidades de educación superior hagamos un esfuerzo permanente y constante de divulgar los foros y los estudios rápidos con mensajes contundentes que lleven a páginas con mayor detalle y que eviten direccionar la opinión publica. Otra estrategia puede estar enfocada a establecer alianzas con los medios de comunicación de manera permanente para nutrirlos de contenidos eficaces. 


La segunda reflexión va enfocada a la abstención que se vio en las diferentes elecciones. En Reino Unido 13 millones de personas no participaron en las votaciones del Brexit; y en EE.UU la cifra de abstención fue del 43.1% (110.450.842 personas). El plebiscito también demostró el alto nivel de abstencionismo del electorado colombiano. De 34.899.945 colombianos habilitados para votar solamente 13.053.364 asistieron a las urnas, arrojando la mayor cifra de abstención en las últimas décadas (62%). El abstencionismo es generalmente atribuido a la desconfianza hacia el sistema electoral y sus componentes, sin embargo, la precaria cultura democrática existente es otra variable significativa en temas de participación electoral. Las instituciones académicas, mediante la construcción de un ambiente pedagógico que cultive la democracia con prácticas que desarrollen valores, actitudes y habilidades socio-emocionales y éticas que sustenten una convivencia social donde todos participen plenamente[2] La academia debe propender por que la educación propuesta permita "ordenar las experiencias del joven para que, en lugar de reproducir los hábitos corrientes, se formen otros hábitos mejores, y, de ese modo, la futura sociedad de los adultos sea una mejora de la suya" (Dewey, 1930).


La última reflexión está enfocada en cómo lograr que exista tolerancia a la diferencias y a las opiniones contrarias sin que prevalezcan descalificaciones o negaciones dogmáticas (ejemplo en las tres elecciones). Para ello las universidades deberíamos impulsar decididamente la cultura democrática orientada hacia un cambio de valores que lleven a apreciar el carácter inherente de la diversidad humana, la participación en los asuntos públicos e intervenir en la labor política.  Esta deberá instaurarse al interior de todo el conjunto de los procesos educativos desde los procesos de aprendizaje como la participación y el ambiente de convivencia. No solo los programas académicos, sino también la estructura y funcionamiento de la organización. Lo anterior contribuirá  a menguar la polarización despertada por el proceso de paz y a consolidar posturas mucho más respetuosas, analíticas y menos pasionales entre el electorado. La Universidad de los Andes debe propender por construir espacios de educación para la convivencia, aprovechar los recursos investigativos que posee y fijarse como meta ser una fuente confiable en temas de coyuntura que son determinantes en la proyección política, económica y social a nivel nacional e internacional.  


 



[1] Mitchell Amy; State of the News Media 2016.

[2] Convivencia Democrática, Inclusión y Cultura de Paz. Lecciones desde la práctica educativa innovadora en América Latina.  Red Regional de Innovaciones Educativas para América Latina y el Caribe. UNESCO


*Las opiniones aquí expresadas representan los puntos de vista propios del autor, no reflejan las opiniones, políticas, ni puntos de vista del Cider​​.​​

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