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Trabajo y construcción de paz.

03/05/2017


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La aceptación del carácter político del conflicto armado interno, que abrió los diálogos de paz en la Habana y logró la firma de los acuerdos, superó el resultado adverso del plebiscito del 2 de octubre de 2016 y ahora asiste a sus mayores retos en lograr la implementación de los dichos acuerdos en su etapa inicial. Los colombianos estamos ávidos en conocer un desenlace inmediatista, en una especie de reality, donde los actores principales apuntan sus libretos para lograr el mayor rating posible en las próximas elecciones presidenciales. Este "estado de opinión" al parecer olvida la trascendencia de la paz, en su sentido positivo y amplio, que va más allá de silenciar los fusiles, para que cambien las condiciones de hacer política y genere un desarrollo alternativo para crear una paz estable y duradera.

Las imágenes mediáticas de los procesos "exitosos" de desarme y desmovilización con la entrega de las armas, como el caso del M-19 en marzo de 1990 o más recientemente de las AUC, entre noviembre de 2003 y agosto de 2006, han creado el antecedente mediático que, sin estas imágenes de entrega de armas, principal evidencia de concreción de los acuerdos, el proceso de paz actual se quedó estancado, otorgando implícitamente la razón a los opositores del proceso. Esto en parte ha provocado que los presidentes de Senado y Cámara del Congreso de la República, les hayan negado la entrada al recinto del Congreso a los representantes del naciente grupo político, cayendo en el círculo vicioso sobre qué es primero, en el contexto del lento trámite de los proyectos del fast track.

No obstante, este pasado 1 de mayo, día del trabajo, nos recuerda la necesidad de enfatizar la paz ligada a los cambios sustanciales en las condiciones sociales que han alimentado la confrontación armada. Como lo anotaba en un trabajo reciente, el sesgo antilaboral del desarrollo en Colombia ha tenido una profunda repercusión en la distribución del ingreso nacional durante las dos últimas décadas. "Por un lado, la relación de sueldos y salarios frente al excedente bruto de explotación [remuneración al capital] cae continuamente, perdiendo alrededor de 37 puntos porcentuales en la relación... Por otro, y de igual forma, la relación del ingreso mixto bruto, que estima la remuneración al trabajo de propietarios y sus familias en empresas pequeñas, frente al excedente bruto de explotación, cae también vertiginosa y drásticamente durante el periodo, perdiendo 40 puntos" (p. 114)[1].

La construcción de paz significa también impulsar medidas que contribuyan a fortalecer los vínculos laborales que avancen hacia una mayor equidad. Dignificar el trabajo y abrir espacios de organización y participación en todos los ambientes laborales, es un elemento necesario para crear una verdadera democracia y garantizar una paz duradera. El trabajo se encuentra en el centro de la vida de las personas, constituye la forma de su realización y proyección social, y permite obtener los recursos para satisfacer sus necesidades. Superar las extendidas condiciones del trabajo precario que predominan en el país y las limitaciones al ejercicio del conjunto de los derechos del trabajo, es una condición para construir la nueva sociedad.

No será suficiente, como lo esperan las proyecciones oficiales, que el crecimiento económico impulsado por la terminación del conflicto armado genere empleos para integrar a los excombatientes y a las víctimas del conflicto; como tampoco lo serán los programas de choque en los municipios y zonas de afectación. La Estrategia de Respuesta Rápida a cargo del Ministerio del Posconflicto, en el que se prevén recursos para generar empleos de emergencia y proyectos productivos en cerca de 300 municipios priorizados, constituye solo un elemento coyuntural para aclimatar la paz.

Revertir la concentración de la propiedad, del ingreso y de los demás recursos naturales, tecnológicos, sociales y culturales en Colombia, implica democratizar las relaciones sociales en la base misma en que se producen y reproducen estos capitales y la riqueza, en los espacios de trabajo. El pasado 1 de mayo nos remite de nuevo a esta agenda y a la necesidad de superar el reality en la construcción de una paz estable y duradera. ​



Pineda, J., "El sesgo antilaboral del modelo de desarrollo en Colombia y las políticas de formalización", Revista Cuadernos del Cendes, No. 89 pp. 103-139.

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