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Reflexiones en torno a Día Paíz: creando puentes entre la academia y la sociedad colombiana

04/09/2017



El 24 de agosto, la Universidad de los Andes dedicó la jornada académica a reflexionar sobre la construcción de paz en el espacio Día Paíz​. Una experiencia similar tuvo lugar el año pasado luego de que los resultados del plebiscito del 2 de octubre dieran como triunfador al No. En esta ocasión, la jornada hizo parte además del evento Enlazados por la Paz – Summit on Peacebuilding 2017, que reunió a siete universidades de la capital, y les invitó a pensar sobre su rol en la construcción de paz y a poner en marcha su tarea como espacio de reflexión intelectual en un momento fundamental para el país. En la Universidad de los Andes tuvieron lugar diversas actividades, que incluyeron foros, discusiones colectivas, actividades artísticas y simbólicas, así como el diálogo con invitados nacionales e internacionales. Desde el Cider y la Maestría en Género​, organizamos un Conversatorio sobre el enfoque de género en el Acuerdo de Paz de La Habana, dando continuidad a un Debate de Coyuntura realizado el semestre pasado sobre la Sub-Comisión de Género, que al mismo tiempo hace parte de una de las preocupaciones centrales del Centro y la Maestría.

 

Jornadas como la de Día Paíz, invitan a reflexionar con mayor detenimiento sobre la relación entre academia y sociedad, el rol de las universidades en la construcción de la paz y la utilidad del conocimiento académico. Sin duda unos de los mayores retos que enfrentan las universidades como centros de producción de conocimiento es lograr que el saber que produce nutra a la sociedad con elementos para pensar críticamente la realidad y transformarla. No hacerlo es generar un saber que queda encarcelado en los límites físicos y simbólicos de las universidades, y que en vez de contribuir a cambiar las dimensiones de la sociedad que mantienen la violencia, las desigualdades y las discriminaciones, ayuda a perpetuarlas.

 

Para que la academia pueda contribuir a una sociedad más equitativa y no violenta se requiere, entre otras cosas, pedagogías que sitúen a los estudiantes como agentes de cambio, les den herramientas para analizar sus entornos de manera crítica, y cultiven en ellos y ellas una postura ética que rechace todo tipo de violencia, vulneración humana, ejercicios de poder opresivos e inequidades. Además de producir un saber crítico que permita comprender la realidad en su complejidad, y un saber útil para las problemáticas cotidianas que enfrentan distintos actores sociales, las universidades deben ser espacios abierto a la comunidad y al diálogo. Esto último es central en un país en el que se ha empleado la violencia como un elemento consustancial a la política, privando a la sociedad de enriquecerse de las diversas ideas, concepciones y visiones del mundo, y formas de organizarlo.

 

Las reflexiones que se gestan en el espacio académico deben circular de maneras diversas y novedosas, y en conversación constante con la sociedad colombiana, de manera tal que la academia retroalimente al país, y éste a la academia. En el presente, las universidades y sus intelectuales, tiene mucho para aportar a la construcción de paz. Quizás uno de sus mayores retos hoy en día sea producir conocimiento crítico, que cuestione los lenguajes y discursos dominantes y más establecidos sobre la paz, y que al mismo tiempo en la práctica  aporte a la construcción de lo público y dé pistas de por dónde ir gestando la paz transformadora, una paz que perdure en el tiempo y tenga la capacidad de erradicar todas las causas (estructurales, simbólicas y culturales) que han permitido que la violencia acompañe el ejercicio cotidiano de la vida en Colombia. 

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