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‘Como extranjero en mi propia tierra’: desplazados internos en busca de un lugar llamado ‘hogar’

08/11/2017

Para quienes viajar es primordialmente una forma de vida, el sentido de 'hogar' puede ser parte del equipaje y experimentado en lugares como el vagón de un tren o la habitación de un hotel. Para quienes emprenden un 'viaje' después de ser víctimas de atroces crímenes como la violencia sexual y la tortura, la experiencia puede ser muy distinta. Mientras para los primeros volver a 'casa' depende de su voluntad, para los segundos el regreso puede ser solo un anhelo. Estos últimos pueden no solo perder el sentido de estar física, social, cultural, emocional y existencialmente en 'casa', sino tardar años, décadas, e incluso generaciones, en recuperarlo.

 

   

¿Pero qué hace distinta la experiencia de aquellos que huyen de la guerra? Para entenderlo tal vez valdría la pena que nos preguntáramos cómo cambiaría nuestra vida si grupos armados llegaran a nuestra casa, asesinaran a parte de nuestra familia y nos obligaran a abandonar todo por cuanto hemos trabajo durante nuestra vida. Para millones de refugiados y desplazados internos en el mundo, cerca de ocho millones de ellos viviendo en Colombia, esta no es una situación imaginaria sino una experiencia generalmente traumática y dolorosa.

¿En qué consiste la experiencia de la migración forzada? Por décadas los estudios sobre desplazamiento forzado se han concentrado en analizar la pérdida de bienes materiales y el consecuente riesgo de refugiados y desplazados internos de quedar atrapados en la pobreza. Sin desconocer que estas son preocupaciones fundamentales para los migrantes forzados, mi argumento es que el desplazamiento forzado por la violencia supone una pérdida mucho más fundamental: la pérdida de un lugar llamado 'hogar'. Inspirado en Hannah Arendt, cuyas ideas están hoy más vigentes que nunca dado el número creciente de refugiados y desplazados internos a nivel global, mi investigación argumenta que la pérdida de un lugar llamado 'hogar' y las dificultades para su reconstrucción, constituyen la esencia de la experiencia de quienes huyen del conflicto y la violencia.

¿Cuál es el significado de perder un lugar llamado hogar? Entrevistas a profundidad con personas que huyeron de la violencia entre 1980 y 2010 en Colombia sugieren que el hogar es un espacio multidimensional en el que las personas encuentran sentido y oportunidades para satisfacer sus necesidades materiales y existenciales. El hogar, dijeron algunas personas, es 'el espacio para encontrarse con uno mismo'; donde el 'individuo encuentra su alma' y el 'alimento espiritual' para levantarse cada día. La pérdida del hogar supone entonces la pérdida de un lugar en el que los individuos se encontraban material, social, cultural, emocional y existencialmente inmersos. Parafraseando a Arendt, la pérdida del hogar supone la pérdida de nuestro 'lugar en el mundo'.

Anilpa, una mujer afrocolombiana víctima de violencia sexual y desplazamiento forzado expresó la pérdida del hogar como la pérdida de la capacidad del individuo de auto-reconocerse como ser humano: 'después de la violencia sexual y el desplazamiento no tengo un lugar al cual llamar hogar. Me cuesta reconocerme como ser humano. El desplazamiento y la violencia han destruido parte de lo que yo era, parte de lo que soy, y de lo que aspiraba a ser'. El estrecho vínculo entre el sentido de estar en 'casa' y el sentido de 'humanidad' establecido por Anilpa, nos recuerda la reflexión de Martin Heidegger cuando sugiere que la disponibilidad de un espacio para vivir es una de las características fundamentales de lo que significa 'ser un ser humano en el mundo'.

En parte por ello la pérdida del hogar no solo es una experiencia dolorosa, que 'deja huellas imborrables en cuerpo y alma', sino una experiencia prolongada. Como muchos otros hombres y mujeres que huyeron por la violencia, Ruby, quien fue forzada a abandonar su comunidad en 1984, enfatizó que después del desplazamiento siente que deambula de un sitio a otro sin un lugar llamado hogar. 'Después de más de treinta años de desplazamiento, mi hogar solo existe en mi memoria'.

 

 

Pese a que la mayoría de las personas desplazadas entrevistadas siguen buscando un lugar al cual llamar hogar, las experiencias de unos pocos participantes sugieren que el sentido de hogar puede ser reconstruido. Como bien sugiere Maja Korac​, mediante estrategias como mantener vínculos con el pasado y reinventarse en el presente, las personas desplazadas pueden reconstruir su hogar en un nuevo entorno.

Mateo, quien fue desplazado por primera vez en 1987, no solo destacó como la violencia y el desplazamiento destruyen el 'mundo de aquellos forzados a migrar' sino también su capacidad de reinventarse 'nuevos mundos'. Después de dos fallidos intentos de retorno, y de más de dos décadas de sentirse 'como extranjero en [su] propia tierra', Mateo cuenta que él comprendió que su hogar necesitaba ser reconstruido en otra parte.

 

Para sentirse nuevamente en casa, Mateo no solo tuvo que reconstruir su mundo material – la casa y los medios de vida-, sino reconstruir redes sociales, simular el paisaje y las prácticas sociales y culturales del lugar dejado atrás, en su nuevo entorno. 'Yo perdí mi mundo allá pero he creado un mundo nuevo aquí. Después de tanto ir y venir, me siento nuevamente en casa'.

Pero cuáles son las implicaciones de este trabajo se estarán preguntando quienes están leyendo esta nota. Lo que muestra esta investigación es que el conflicto y el desplazamiento frecuentemente resultan en una pérdida del sentido de hogar y que su reconstrucción, pese a ser un proyecto que puede tomar toda una vida, puede arrojar pistas para entender cuándo  la vulnerabilidad asociada al desplazamiento termina. Anilpa, cuya experiencia de violencia fue mencionada arriba, enfatizó que solo dejara de verse a sí misma como desplazada cuando se sienta nuevamente 'material y existencialmente en casa'.

Si nos ponemos por un instante en el lugar de quienes han sido forzados a huir por la violencia, tal vez no solo logremos tener más empatía con el dolor de millones de personas que han perdido su hogar, sino tal vez logremos aportar un poco en ayudarlos a sentir en 'casa'.