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Censos de población y retos del 2018

06/02/2018

La semana pasada cumplí con mi responsabilidad ciudadana de diligenciar el Censo ​en forma virtual, disponible en la página web del Dane. Le pregunté a una señora que trabaja en servicio doméstico si lo había hecho con su hija de veinte años que vive conectada a Internet y me respondió que no porque "dicen que eso lo van a utilizar para las elecciones". Me sorprendieron así dos cosas: lo fácil que resulta el diligenciamiento del Censo y la increíble desinformación que crece en tiempos electorales, especialmente frente a las acciones públicas.

 

El Censo de población es la principal fuente estadística de una sociedad. Es y ha sido una política de Estado en Colombia, no de gobierno, realizar los censos al menos cada década. Su importancia es vital no sólo para saber directamente cuantos somos en el país en cada ciudad y rincón de la geografía nacional, sino también para establecer: la base cartográfica en el diseño de todas las encuestas oficiales; la fuente para definir las transferencias presupuestales en el Sistema General de Participaciones (SGP) a las entidades territoriales; el diseño de todas las políticas públicas; la composición de los órganos de representación política (Congreso, asambleas y consejos), entre otros muchos aspectos.

 

Contar con estadísticas demográficas confiables es un imperativo de los Estados modernos. Pero la producción oficial de estadísticas se realiza en cada momento bajo condiciones históricas particulares y reflejan la consolidación misma del Estado. Los censos realizados en el siglo XIX (1825, 1835, 1843, 1851, 1864 y 1870) se diseñaban para captar información según las preocupaciones políticas (ej. quienes estaban aptos para votar, proceso de construcción de nación) raciales (ej. nivel del mestizaje, misión civilizadora) o religiosas (hegemonía católica) como también las urgencias del sistema sanitario y de salud (ej. control de la lepra, nivel de vacunación, discapacidad). Estos censos enfrentaron las enormes dificultades y debilidades de la administración pública, así como el temor de la gente a que le impusieran nuevos impuestos o el servicio militar cuando no se había consolidado una fuerza pública y un sentido de identidad nacional.

 

En el siglo XX, se inicia un proceso de configuración de las estadísticas censales y la estandarización de acuerdo con parámetros internacionales. No obstante, los censos presentaban dificultades para consolidar los datos debido a las tensiones políticas y burocráticas entre la administración central y las departamentales. De los censos de 1905, 1912 y 1918, sólo este último pudo consolidarse y legitimarse debido al fortalecimiento de la Direccion General de Estadística, adscrita al Ministerio de Hacienda y creada en 1906. El censo de 1918 fue aprobado por el Congreso de la República en 1921 y publicado en 1923, con una población total de 5 millones 855 mil habitantes.

 

En 1928 se realiza un nuevo censo que, a diferencia del censo de 1918, no fue controlado por la DGE lo cual, entre otros factores, dificultó su aceptación. En 1935 se crea la dirección Nacional de Estadísticas (DNE) adscrito a la Contraloría, y en 1938 se realiza el que se considera el primer censo moderno en Colombia. Este contó por primera vez con personal independiente en las regiones para el levantamiento de la información y el uso de máquina tabuladoras de tarjetas perforadas para la consolidación centralizada de los datos. La reducción de las intervenciones políticas y el fortalecimiento técnico del censo lograron que este fuera aprobado sólo un año después y sus resultados fueran publicados en forma detallada. Fue el primer censo de facto que inmovilizaba por un día el total de la población en sus casas.

 

Con la muerte de Jorge Eliecer Gaitán en 1948, el censo programado para ese año se aplazó hasta 1951, a partir del cual se contó con el padrinazgo de la Organización de los Estados Americanos y el Instituto Interamericano de Estadística, que estandarizó la captura de información y los procedimientos según criterios internacionales. Así se realizaron los demás censos de 1964, 1973, 1985, 1993 y 2005, cada uno con sus propias particularidades y tensiones políticas. Mientras que los censos hasta 1993 utilizaron bachilleres e inmovilizaron a la población por un día, el del 2005 -que hubiera requerido 1,5 millones de bachilleres- utilizó solo seis mil encuestadores que trabajaron durante un año visitando las viviendas con previo aviso y provistos de un dispositivo móvil de captura de información: fue el primer censo en la era digital. No obstante, este censo estuvo también en la polémica si revivía la propuesta de empadronamiento que contemplaba el estatuto antiterrorista que tumbó la Corte.

 

El censo de 2018 es el primer e-Censo que se puede auto-diligenciar y que cuenta con herramientas para que personas con discapacidad visual o auditiva puedan diligenciarlo de manera autónoma. Su costo es de cerca de $300 mil millones (sólo el 1,6% de lo implicado en el caso de Odebrecht, 2,5% del sobre costo de Reficar y cerca de la mitad del valor de las elecciones). El e-Censo va del 9 de enero al 8 de marzo y, al igual que el del 2005, cuenta con períodos específicos durante el año para censar cada municipio y región del país.

 

Las expectativas frente a este censo son muchas, algunas de ellas son: saber si el país alcanza los 50 millones de habitantes, como lo pronostican las proyecciones a partir del Censo de 2005; si la esperanza de vida ha incrementado para sustentar o no una reforma pensional; el nivel del increme​nto en la tasa de urbanización y del déficit habitacional; los avances o los retrasos en la cobertura de los servicios públicos; la composición y diversidad en las familias colombianas; la disminución o el incremento de las desigualdades regionales; la composición étnica-racial de los colombianos; y los niveles de migración de venezolanos.

 

Desde el punto de vista de género resulta importante saber si hemos avanzado en la revolución reproductiva y en la equidad hacia las mujeres; queda pendiente saber si el Censo va a valorar la diversidad sexual. Desafortunadamente el Censo, como muchas encuestas, sostiene el concepto de jefe de hogar para definir el referente estadístico en la captura de información de los demás miembros del hogar; concepto jerárquico y patriarcal que introdujeron los técnicos en forma convencional desde inicios del siglo XX y que en el presente siglo han sido incapaces de remplazar.

 

Este Censo, que debió realizarse en el 2015, ha resultado salpicado por la alharaca de la seguridad informática e inoportunamente se desarrolla en medio de campañas electorales. El reto de salir ileso como acción pública resulta central para el fortalecimiento del Estado y para la disponibilidad de información pública válida y oportuna. Para la academia y para el Cider, un nuevo censo constituye una fuente estadística importante para la producción de nuevo conocimiento y para comprender mejor los múltiples problemas del desarrollo.

 

Fuentes 

  • Estrada Orrego, Victoria (2017). ¿Cuántos somos? Una historia de los censos civiles y de la organización estadística en Colombia en la primera mitad del siglo XX. Historia Crítica, 64, 141-160.
  • Rueda, Jose Olinto (2012). Historia de los censos en Colombia. Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane: Bogotá.
  • Semana (2004) ¿Censo o empadronamiento? Revista Semana, demografía. 10 de marzo.