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Paz, desarrollo y nuevo gobierno: a propósito del Día Internacional de la Paz

11/09/2018



El nuevo gobierno colombiano, en cabeza de Iván Duque, tiene la gran responsabilidad de avanzar en la concreción de la construcción de la paz, la implementación del Acuerdo alcanzado con la guerrilla de las FARC y la continuidad del proceso de diálogo con el ELN. Los retos no son pocos. Algunos de ellos tienen que ver con aspectos estructurales del Estado colombiano, las dinámicas de la guerra y marcos de referencia para la construcción de paz como la justicia transicional; mientras otros están más relacionados con las visiones propias del actual gobierno sobre la paz. En las siguientes líneas me detendré especialmente en el primer grupo de retos.

 

Desde la firma definitiva del Acuerdo, y la concentración de los guerrilleros reincorporados de las FARC, el Estado colombiano dejo ver sus debilidades e incapacidades para actuar eficientemente en procura de una mínima infraestructura que acogiera a las y los guerrilleros. La burocracia estatal y la tramitología han hecho difícil no solo la construcción de las zonas veredales, sino también la puesta en marcha de mecanismos centrales como la Unidad de Búsqueda a personas dadas por desaparecidas. Hoy, para parte de la nueva institucionalidad, uno de los retos de partida es la sostenibilidad financiera de sus actividades.

 

Dado que el Estado colombiano se comprometió con los sujetos victimizados, la guerrilla y la sociedad colombiana en avanzar en la construcción de paz, criterios de solvencia económica no pueden ser una excusa para la consolidación de los procedimientos, mecanismos e instituciones que el Acuerdo de paz creó. Tampoco pueden verse atrapados estos en las disputas y visiones políticas de los adversarios del Acuerdo, o visiones contrastantes de la paz, como ha ocurrido con la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad y su solicitud de acceso a información de inteligencia y contrainteligencia del Estado.

 

Los distintos mecanismos, procedimientos e instituciones que se construyeron, requieren financiación real, suficiente y oportuna para su funcionamiento; así como un compromiso de todo el Estado para que cuenten con las condiciones para hacer real el mandato que se les asignó. Esto requiere desde luego del respaldo del nuevo gobierno nacional, de la circulación verídica de información en todos los medios de comunicación, y el interés de la ciudadanía en su conjunto.

 

Además de este reto institucional y político, la construcción de paz tiene entre uno de sus mayores oponentes los actores armados que siguen actuando en los territorios, y que han hecho de los líderes sociales que tienen como eje central de sus demandas la defensa del territorio y la construcción de paz, objetivo militar. Esta situación requiere toda la atención del actual gobierno con medidas serias de prevención de la violencia, protección de las y los líderes, y aplicación de justicia a los responsables. Esto amerita medidas estructurales en torno al accionar de los grupos paramilitares aún existentes, las bandas criminales, los narcotraficantes y sus aliados – como empresarios -, y la fuerza pública, a quien se ha encontrado responsable de algunos de estos hechos de violencia. También se requiere una actitud crítica de la sociedad a través del rechazo a la violencia y su movilización, como ocurrió el pasado 6 de julio con el Velatón por la vida.

 

Por otro lado, otro gran reto tiene que ver con las visiones de paz que se han construido y puesto en marcha en el país y a nivel mundial. Si bien discursos de instancias internacionales como Naciones Unidades, dieran la impresión de que la paz es sentida como un imperativo en todas las sociedades, esto está lejos de la realidad. La paz es un escenario de disputa y confrontación, no solo porque hay quienes se constituyen en actores políticos desde la guerra, sino también porque existen diversas maneras de comprenderla. El Plebiscito del 2 de octubre de 2016 es un ejemplo de esto; así como las posiciones más centradas en seguridad del actual gobierno nacional, y sus propuestas durante la campaña presidencial de reformar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y el sistema de justicia.

 

Pensar detenidamente la paz, supone también comprender cuál es su relación con el desarrollo. Paz, justicia e instituciones sólidas, el objetivo No. 16 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, plantea la necesidad de construir la paz partiendo del acceso a la justicia y la consolidación de instituciones estatales. Paz y desarrollo han estado intrínsecamente relacionados en todo el andamiaje de la justicia transicional, con un agravante, que se piensa desde visiones universalistas y dominantes. Esto ha hecho que en distintos lugares la paz y/o la transición política no hayan sido concebidos como escenarios de transformaciones estructurales de las inequidades económicas; y que el modelo de desarrollo dominante y el capitalismo hayan sido afianzados, sin contemplar seriamente como estos también han sido causantes de la violencia, la guerra y los estados de excepción.

 

Si en el gobierno Santos la paz fue pensada como una forma de alcanzar la modernización y la modernidad, y para ello el desarrollo era un eje central; en el actual gobierno la paz parece perder cierta centralidad y el avance económico se liga a la materialización de una "cuarta revolución industrial" para la que serán esenciales: el desarrollo agro-industrial, el sector minero-energético, un campo vinculado al comercio exterior, y la culminación de las obras de infraestructura necesarias para la competitividad. Entre estas últimas, por ejemplo, durante la campaña, Duque mencionó el Puerto de Tribugá, en el Chocó, el cual no es bien visto por una amplia mayoría de sus habitantes. Si el desarrollo siempre se hace real en el territorio, y si lo territorial sigue siendo, como lo muestra el alarmante asesinato de líderes sociales el principal terreno de disputa, ¿cómo vamos a construir paz en un país en el que las visiones de desarrollo son tan diversas como la pluralidad étnico-racial, ideológica, cultural, de clase y de género? 

 

El próximo 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas; y se conmemorarán los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Estas efemérides más que convertirse en el afianzamiento de discursos universalistas que terminan por eliminar la diferencias e ignorar las desigualdades, deberían ser la posibilidad de hacer de la Declaración y la justicia transicional, instrumentos y no recetas para afrontar realidades específicas.

 

También deberían permitir pensar críticamente ese ya largo camino andado por el discurso jerárquico, horizontal, euro-céntrico y capitalista del desarrollo dominante. Para construir una paz real, dinámica, de la vida, plural y transformadora, Colombia requiere poner en diálogo sus diversas visiones de paz y desarrollo, evitando las recetas que ya han dado muestras de no funcionar, y avanzando en la construcción de premisas y caminos propios para avanzar en el bien-estar, que para muchas comunidades en Colombia se materializa en la posibilidad de vivir en paz y armonía entre seres humanos, otras especies, la naturaleza y el conjunto del territorio, sin el cual no ven posibilidades de ser y existir realmente.

 

Fuentes:

 

Naciones Unidas. 2018. Día Internacional de la Paz, 21 de septiembre. Disponible en: http://www.un.org/es/events/peaceday/

 

Duque, Iván. 2018. El pacto por Colombia. Discurso de Posesión del Presidente de la república de Colombia, Iván Duque Márquez. Agosto 7 de 2018. ​