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“Diversidad sexual y de género siguen siendo vistas desde lógicas de anormalidad, patología o amenaza”

05/04/2019

    

Gracias a una alianza entre la Universidad de los Andes y Cineplex, el pasado 12 de marzo se estrenó en el Auditorio Lleras Corazón Borrado / Boy Erased (Joel Edgerton, 2018), película basada en la autobiografía de Garrard Conley. La historia narra el paso del Jared  Eamonds, hijo de un pastor bautista, por una "terapia de conversión" para ser "curado" de su homosexualidad. Película y autobiografía denuncian las contradicciones y abusos ejercidos por quienes claman poder cambiar la orientación sexual o identidad de género mediante una experiencia de fe.

 

Esta situación, dramatizada o leída en los medios pareciera propia al Bible Belt estadounidense, pero tiene expresiones en diversos lugares. De acuerdo con The Williams Institute de la Universidad de California, 698.000 adultos LGBT en los Estados Unidos han recibido "terapias de conversión". En 2017, el Taller de Comunicación Mujer, de Ecuador, denunció en el informe Retratos del encierro. Sobrevivientes a las clínicas de deshomosexualización, casos de mujeres lesbianas internadas y retenidas por sus familiares en clínicas que ofrecían "terapias curativas" a un costo de hasta $1,000 dólares al mes.

 

La permanente patologización de la diversidad sexual y de género pareciera cambiar poco y recientemente. El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y en junio de 2018 sacó a la transexualidad del capítulo de trastornos mentales para considerarla como "incongruencia de género".


 

Cambios en el conocimiento experto no implican transformaciones en la educación, las iglesias o sectores políticos. Diversidad sexual y de género siguen siendo vistas desde lógicas de anormalidad, patología o amenaza. En Colombia literatura médica y sociológica en la década de los ochenta asociaba la homosexual con patologías individuales y sociales. El libro Bazuco y homosexualidad: enfermedades malditas (H. Bronx, Medellín, 1980) señalaba como peligros para la sociedad las drogas, el sexo recreativo, la homosexualidad y la guerrilla. Esta asociación entre homosexualidad y amenaza social se actualiza constantemente, como vimos debates recientes en los cuales se acusaba al acuerdo de paz entre el Estado Colombiano y la guerrilla de las Farc de querer "homosexualizar" a la sociedad.

 

La historia que cuenta Corazón Borrado es tanto ejemplo de fundamentalismos religiosos disputando poder como de proyectos de nación. "Terapias de aversión" fueron usadas por la Fuerza de Defensa Surafricana durante el apartheid para tratar la homosexualidad de jóvenes reclutas que incluyeron hasta la castración química. Esto sucedió sobre todo en el punto más álgido del conflicto entre el gobierno y los movimientos antiapartheid como forma de controlar y regular la sexualidad de hombres blancos jóvenes, que eran los que estaban obligados a prestar el servicio militar.

 

Sea entonces esta introducción la invitación a ver la película pensando en las vidas e historias de quienes han vivido a diario y de múltiples formas los efectos de proyectos políticos, religiosos y culturales que instrumentalizan miedos y estereotipos produciendo pánicos morales para mantener privilegios y desigualdades.