Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal

Violencia sexual y construcción de paz en Colombia

11/07/2019

​Por: Diana Gómez Correal y Natalia Fernández[1]


"Y empieza el ritual: me vendan los ojos, me aprietan las esposas, y me quitan toda la ropa sin otro fin que romperme a punta de frío, cansancio, dolor y humillación… Todo está diseñado para debilitar el cuerpo, mediante el dolor, el hambre, la sed, el cansancio... En la noche de Halloween, llegan dos hombres con un espantoso tufo a trago y una enorme grabadora. ´Bueno, acá vamos a tener nuestra propia noche de brujas´, dicen. Ponen música rock a todo volumen y empiezan. Me pellizcan los senos, me abren las piernas y me golpean los genitales con una toalla mojada. Hasta que se aburren... Y vuelven. Ya debe de ser mañana. Los mismos pellizcos, amenazan con violarme, me golpean el vientre, me tiran al piso y me meten un palo en la vagina. Sangro y tengo dolores en el vientre por mes y medio… Muchos ya habían dado su batalla, a otros les tocaría darla. Ésta era la mía, y sólo me tenía a mí misma" (Grabe 2019).


Estas fueron algunas de las palabras con las que las y los asistentes al Teatro Adolfo Mejía en Cartagena, conocimos la historia de violencia sexual vivida a finales de la década de 1970 por Vera Grabe, entonces militante de la guerrilla del M-19, a manos de agentes estatales. Vera Grabe envió una carta para ser leída en público en el primer acto de Reconocimiento de las víctimas organizado por la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV), cuarenta años después de que esta violación a su integridad y dignidad tuviera lugar.


La CEV decidió centrar el Primer Encuentro por la Verdad en la violencia sexual experimentada por mujeres y colectivos LGBT en medio del conflicto armado que ha vivido Colombia. La Comisión de la Verdad título a este evento con una frase contundente: mi Cuerpo dice la Verdad, llamando la atención sobre las violencias que han dejado un impacto tan fuerte en los sujetos victimizados que, aunque no se pronuncien a través del lenguaje verbal se manifiestan a través de un cuerpo que habla sin parar de los vejámenes y sus impactos en las trayectorias de vida de quienes las padecieron.


El encuentro escuchó a través de diversos testimonios la realidad que han vivido cientos de mujeres y personas LGBT en Colombia en medio del conflicto armado. Al evento asistieron mujeres, trans-géneros, gays y lesbianas victimizados provenientes de diferentes partes del país, dispuestas tanto a escuchar como a narrar lo inenarrable.




Los testimonios presentados en el Encuentro por la Verdad dan cuenta de la sistematicidad de la violencia sexual como un acto de guerra perpetrado por todos los actores del conflicto: guerrillas, paramilitares, Estado y terceros, con diversas finalidades. Dentro de las finalidades están el minimizar y castigar a las mujeres que trasgreden los roles tradicionales de género, como en el caso de Vera Grabe al pasar de ser una mujer pasiva a un agente político disidente. Penalizar a las personas LGBT por no ajustarse a los mandatos sexuales del ordenamiento de género hegemónico; controlar los territorios a través de la violencia infringida a las mujeres, la cual es sentida como una ofrenda a la comunidad y propicia en varios casos desplazamiento contribuyendo al despojo. Como una estrategia de guerra más para herir al contrincante, para reforzar patrones sociales dominantes de género, clase, sexualidad e ideología, y para satisfacer los deseos sexuales de actores armados que por un lado ratifican el orden existente y por el otro en medio de la "excepcionalidad" de la guerra satisfacen sus deseos como patriarcas que controlan la heterosexualidad y homosexualidad en los territorios.    


La violencia sexual es una de las afrentas cometidas en medio de los conflictos armados más difíciles de denunciar pues el sistema cultural patriarcal deposita la culpa y la vergüenza en las víctimas y no en los perpetradores. Esto tiene que ver con la naturalización que se ha hecho del control del cuerpo de las mujeres y las disidencias sexuales por parte de la sociedad, y por las emociones que han sido asignadas a los géneros y las personas clasificadas según la clase social y la raza. Dada esta aceptación social del uso del cuerpo de las mujeres y los sujetos feminizados como objeto, el acto de Reconocimiento de la Comisión de la Verdad contó con la presencia de varios testimonios escritos que fueron leídos por terceros, y con estrategias de luces tenues e intervenciones de víctimas que no daban la cara con la intención de protegerles.


La violencia sexual experimentada por las mujeres en contextos de conflicto armado tiene su fundamento en la violencia sexual que permea la vida cotidiana de las mujeres fuera de los estados de excepción. Esto hace necesario, por un lado, comprender las particularidades de este tipo de violencia en contextos de conflicto armado, y por otro, avanzar en un proceso de transformación cultural que censure y sancione una práctica aferrada a una ontología patriarcal (Gómez 2017) presente en nuestra sociedad. En ese sentido, la tarea de la Comisión de la Verdad es tanto de amplificación de la problemática a amplios sectores de la sociedad colombiana, como de comprensión y explicación, y de cambio cultural. La comisionada Ángela Salazar hizo acento en este último aspecto al ser interpelada frente a qué trasformaciones son necesarias para erradicar estas violencias.


Adicional a esto, la comprensión sobre la violencia sexual debe estar acompañada por herramientas conceptuales que permitan entender por qué las mujeres activas políticamente, las afrocolombianas y las indígenas, han sido objeto de esta violencia de una forma particular y exacerbada. Aproximarse a estas particularidades implica hacer uso de una aproximación desde la larga duración que explique cómo hetero-patriarcado, clasismo y racismo han co-construido la sociedad actual, y como las violaciones de derechos humanos experimentadas por las mujeres requieren de un lente epistemológico múltiple que permita comprender violencias en contextos y trayectorias de vida personales y colectivas específicas.


La violencia sexual requiere ser nombrada, escuchada, entendida e interpelada. El sistema integral de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición que tiene la tarea de garantizar los derechos de los sujetos victimizados debe contribuir a procesos de conciencia y transformación cultural de la problemática, que contribuyan a que este flagelo no se repita. Esto es supremamente urgente en un contexto donde dicha violencia según cifras de Medicina Legal está en aumento, con un incremento de casi un 10% en 2018, y donde las mujeres siguen siendo objetivo militar. Alerta el número de liderezas asesinadas y la brutalidad de dichas acciones. Según informe de la Fundación Paz y Reconciliación en los dos últimos años 31 mujeres han sido asesinadas. A esto se suman amenazas contra mujeres es distintas ciudades, incluida Bogotá, y atentados como los vividos recientemente por Francia Márquez y Mayerli Angarita.

 

Las y los colombianos deben abrir sus ojos, su capacidad de escucha, sus corazones e intelecto, para comprender esta violencia como un crimen que lesiona al ser, su cuerpo y alma, sus vidas, y las vidas de toda la sociedad colombiana. Es un deber ético acompañar a estas víctimas en el proceso de trasmutación del dolor que esas violencias les han causado a través del reconocimiento de lo que les ocurrió, el compromiso de repudiar esta violencia y de contribuir al cambio que esta sociedad tan violenta requiere para decir: ¡Nunca Más violencia contra el diferente, el contrincante, Nunca Más violencia contra las mujeres y la población LGBTI!



 

Fuentes 

1. Diana Gómez es profesora asistente del Cider y directora de la investigación Inclusión de las afectaciones vividas por las mujeres y de sus procesos de resistencia en las Comisiones de la Verdad de Perú y Colombia: miradas retro y prospectivas de la justicia transicional. Natalia Fernández es estudiante de la Maestría en Género de la Universidad de los Andes y asistente de la investigación en mención.


Gómez, Diana. 2017. Mujeres, Género y el Acuerdo de la Habana. LASAFORUM, Winter 2017: volumen XLVIII: Issue I. 

 

https://www.elespectador.com/noticias/judicial/violencia-sexual-en-el-pais-continua-en-aumento-crecio-95-en-2018-articulo-867831

 

https://www.rcnradio.com/judicial/en-colombia-31-mujeres-han-sido-asesinadas-causa-de-su-liderazgo-social

 

https://www.semana.com/nacion/articulo/el-estremecedor-relato-de-vera-grabe-como-victima-de-violencia-sexual/621076