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Entre planes superpuestos y temporalidades inciertas, la vida sigue: un recordatorio para pensar el territorio hoy

05/08/2019


En estos días, para imaginar lo que tendría que hacerse en cualquier territorio del país, hay que incorporar una serie de coyunturas que están coincidiendo: las consideraciones del nuevo Plan Nacional de Desarrollo (aprobado en mayo de este año y ya con algunas demandas ante la Corte Constitucional), lo que estipulen los POT municipales y, si va a cambiar o no con la revisión en curso,[1] lo que se contemple dentro de los POT departamentales o Regiones Administrativas de Planificación constituidas o en formulación. Esto sin contar con otras figuras territoriales en marcha y en discusión, como las nuevas que aparecen en el Acuerdo de Paz. Para hacer más compleja la situación, hay que estar pendientes también de si estos planes van a ajustarse con las cifras recientes del Censo 2018 que, en algunos contextos, podría implicar tener que hallar la alfombra (de datos) sobre la que se edificaron los ejercicios de planificación. Como señalan Abram y Weszkalnys (2013), si planear es tratar de controlar el paso hacia el futuro, su ejercicio implica involucrar temporalidades múltiples y, ocasionalmente, contradictorias.

 

Además de tener en cuenta las temporalidades de los planes en distintos niveles de gobierno y escalas territoriales, para pensar hoy lo que se podría hacer en un territorio, también hay que enterarse de cómo se lo están imaginando las y los candidatos a las alcaldías y cómo cambiaría la visión sobre ciertas zonas de los municipios según quienes ganen las elecciones dentro de unos meses.  En el caso de Bogotá, al imaginarse cualquier pedazo de la ciudad hoy, se nos mezclan planes que fueron y que no fueron, acuerdos, decretos y sentencias, renders que suben y bajan y hasta discusiones -a propósito de la revisión del POT que la actual administración presentó en junio al Consejo Territorial de Planeación- sobre si somos una ciudad que crece mucho o poco ¿y si crece, para dónde, y si no, qué hacemos entonces?


Este panorama deja la sensación de que quienes decidan hacer una intervención territorial se enfrentan a un reto que es como el último nivel de un videojuego, donde hay que saltar entre plataformas en distintos niveles, que se mueven a distintos ritmos y hasta en distintas direcciones. Que sólo se supera si el jugador logra saltar de una a otra en el momento exacto, detenerse o incluso devolverse cuando sea necesario, si las plataformas no se chocan y si quien juega no se cae entre las fisuras.




Pero antes de sentirnos todos paralizados ante este escenario tan inestable, una mirada a la vida cotidiana en los distintos territorios nos vuelve a cambiar el panorama. Mientras en la prensa y en las redes sociales todo parece ser una disputa por el futuro, para bien o para mal, el presente de la vida en los territorios sigue transcurriendo. La ciudadanía no está suspendida en un vacío esperando que los jugadores del videojuego puedan superar el último nivel. Quienes mantienen y reparan con sus propios recursos el ambiente construido (formal o informalmente), es decir, la gente que ejerce como infraestructura -en términos de Simone (2004)- sigue asumiendo esa carga. Y quienes toman ventaja de esta situación para beneficio propio – como algunos urbanizadores piratas y no piratas- lo van a seguir haciendo también, aprovechando las fisuras, las contradicciones y los planes que no han llegado.


Entonces, valdría la pena que quienes se animen a pensar y a intervenir en el territorio en estos días de planes sobrepuestos y de temporalidades inciertas, recuerden que, este reto no es un videojuego donde los jugadores son sólo los técnicos, los expertos planificadores, porque paralelo a esas plataformas en movimiento que nos tienen tan alerta hay una dimensión más permanente (que no cambia cada cuatro o cada doce años). Allí, en los territorios, hay una cantidad de personas con conocimientos y recursos diversos que, si se convierten también en jugadores, puede ser más fácil entre todos sortear los obstáculos. Pensar cómo oír mejor, cómo conversar mejor, cómo involucrarnos más con estas personas desde el principio, cómo salir por un momento de las coyunturas de los planes y acercarnos más a los tiempos de la vida podría ser más productivo que paralizarnos ante la incertidumbre o intentar pasar el último nivel del videojuego solos.


[1] Contreras (2017) indica que más del 80% de los municipios del país deberían estar revisando sus POT por vencimiento de la vigencia de largo plazo.


Referencias:

Abram, Simone, y Gisa Weszkalnys. Elusive Promises: Planning in the Contemporary World. Berghahn Books, 2013. Digital.

Contreras, Yency. 20 años de ordenamiento territorial en Colombia: experiencias, desafíos y herramientas para los actores territoriales. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Instituto de Estudios Urbanos. Ministerio de Vivienda, 2017. Impreso.

Simone, AbdouMaliq. “People as Infrastructure: Intersecting Fragments in Johannesburg”. Public Culture. vol. 16, no. 3, 2004, p. 407-429. Digital.