Ana María Sierra- Cider | Uniandes
Ana María Sierra Melo
estudiante de la Especialización en Organizaciones, Responsabilidad Social y Desarrollo
a.sierram@uniandes.edu.co
01/06/2020


*El contenido no se puede reproducir sin autorización de la autora.

Vivimos en tiempos de crisis e incertidumbre. Crisis económica, ambiental y humanitaria derivada de un modelo económico capitalista cuyas dinámicas de industrialización, urbanización, extractivismo y acumulación han llevado al límite tanto a sociedades como a ecosistemas. Los patrones de producción y consumo insostenible se han instaurado en la mayor parte de las sociedades, llevándolas a una espiral de insatisfacción, generando como consecuencia el agotamiento de recursos naturales, el desequilibrio ecosistémico, la contaminación del ambiente y la desigualdad e inequidad social (Acosta, 2016). Estas consecuencias generan cada vez más incertidumbre respecto a los posibles escenarios derivados del cambio climático y la aceleración del calentamiento global. En 2020, a esta incertidumbre climática se suma la ocasionada por la pandemia del virus COVID-19 cuyas consecuencias aún no podemos calcular.


En América Latina, la crisis e incertidumbre se acompaña de un proceso histórico de colonización y patriarcalización tanto de nuestros territorios, ecosistemas y modelos de producción, como de los saberes, creencias, cultura y modos de vida de las comunidades. Por ello, resultan cada vez más pertinentes las propuestas de diferentes autores, escuelas y comunidades que proponen formas de vida sustentables y alternativas al modelo hegemónico imperante. El presente texto tiene como objetivo develar si las propuestas alternativas que han surgido en Latinoamérica pueden instaurarse como modelos de vida en la región, o si, por el contrario, son discursos netamente teóricos y académicos imposibles de materializar si no se producen cambios a nivel global, incluyendo la eliminación del capitalismo como modelo económico imperante.

Para ello es importante reflexionar primero sobre cuál ha sido el papel de la imposición de modelos de vida occidentales o del Norte Global sobre la región. El capitalismo en Latinoamérica ha consistido en un proceso de desarrollo de diferentes formas de extractivismo y extrahección[1], violando el derecho a la tierra, destruyendo los modos tradicionales de vida y degradando la naturaleza  (Polo y Piñeiro, 2019). Si bien estos procesos se han venido dando desde la invasión de América a finales del siglo XV, cuando el “conquistador” impone poderes violentamente sobre los “indios”, considerados como sujetos subalternos (Bohórquez, 2014), aún hoy son claros los despojos de territorios y la apropiación de bienes comunes que se han intensificado en las últimas décadas, especialmente para megaproyectos de extracción de hidrocarburos, explotación minero-energética, agricultura intensiva y ganadería industrializada a lo largo de todo el territorio latinoamericano (Vallejo, Zamora y Sacher, 2019).

Extractivismo en Latinoamérica- Cider | Uniandes

En estos violentos procesos de colonización y patriarcalización, el modelo dualista occidental choca con las prácticas y saberes de comunidades con concepciones holísticas del mundo natural, simbólico y espiritual (Polo y Piñeiro, 2019), y para quienes la naturaleza es una red de interrelaciones entre seres humanos y no humanos que conforman el mundo, mejor entendido como un pluriverso (Escobar, 2014a). Pero (los modelos occidentales) también chocan con variados y numerosos movimientos de resistencia: comunidades indígenas y campesinas que continúan la lucha histórica por sus territorios y medios de vida; organizaciones conformadas por activistas, ONGs, ambientalistas y diversas colectividades que luchan por causas locales y globales, ambientales y sociales; feministas que confrontan los modelos que favorecen la inequidad de género y los desequilibrios de poder, tanto impuestos de afuera como en sus propias sociedades (Vallejo et al., 2019).

Estas luchas, el rescate de saberes ancestrales y la consolidación de propuestas de vida contrahegemónicas juegan un papel fundamental en la actualidad para cuestionar los modelos de desarrollo destructivos, ecocidas y etnocidas dominantes. Los modelos alternativos parten de la ecología de saberes, es decir, de la comprensión sobre la enorme variedad de epistemologías que existen en el mundo y que pueden coexistir (Polo y Piñeiro, 2019). A su vez, los modelos alternativos rescatan la ecología de las productividades, esto es, el restablecimiento de formas de producción sostenibles derivadas de las tradiciones indígenas y campesinas, las economías solidarias, las organizaciones populares y las cooperativas obreras (Polo y Piñeiro, 2019).         

Es decir, las propuestas de modelos de vida alternativos no pretenden que las formas de capitalismo y liberalismo desaparezcan. Proponen en cambio que se desplace la “centralidad discursiva y social” de los modelos hegemónicos (incluyendo modelos marxistas y socialistas) para dar paso a ontologías relacionales[2] que comprendan la variedad de visiones y mundos alternativos o pluriversos (Escobar, 2014a). A su vez, buscan rescatar y legitimar las llamadas Epistemologías del Sur que surgen de la lucha por sistemas productivos sustentables, valoración de tradiciones, así como de conocimientos tanto científicos como no científicos y demás relaciones y prácticas de los grupos sociales que han sufrido históricamente las injusticias causadas por capitalismos y colonialismos (Santos, 2011).

Desde las epistemologías del sur se entiende entonces que: 1) el mundo es mucho más amplio que la comprensión occidental del mundo y 2) la diversidad en los modos de ser, pensar, sentir, conocer, relacionarse con seres humanos y no humanos, comprender la historia, organizar la vida colectiva y producir bienes y servicios, es sumamente amplia. Esta vastedad de alternativas ha sido tradicionalmente olvidada, relegada o despreciada por los conceptos establecidos desde el Norte global; por ello, Santos (2011) propone que “no necesitamos alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas”. En otras palabras y de acuerdo al concepto zapatista de pluriverso, necesitamos concebir “un mundo donde quepan muchos mundos” (Escobar, 2014a).

Campesinos en Latinoamérica- Cider | Uniandes

La gran variedad tanto de epistemologías como de movimientos y luchas alternativas se manifiestan en diversos espacios de la región, cada vez más proliferantes: desde iniciativas callejeras, hasta diversidad de plataformas de defensa del medio ambiente, redes de soberanía alimentaria, defensores de los derechos sexuales (Rivera Cusicanqui, 2016), formas de organización local autónoma, juntas de acción comunales, consultas populares contra proyectos extractivos, sistemas productivos agroecológicos, comunidades, movilizaciones y resistencias, que luchan por el respeto a sus derechos, a sus territorios y por la reconstrucción del tejido social. (Vallejo et al., 2019). También se ejemplifican en las luchas indígenas, afro y campesinas en Ecuador, Bolivia, Chiapas y Oaxaca (México), Colombia, Perú y Guatemala (Escobar, 2014a), así como en las constituciones políticas de Ecuador y Bolivia que integran innovadoras alternativas a la concepción occidental del desarrollo, incorporando conceptos indígenas como el Buen Vivir (Sumak Kawsay) y la comprensión de la naturaleza como sujeta de derechos (Santos, 2011).

Aunque desafortunadamente los gobiernos de Ecuador y Bolivia en la práctica gestionan bajo lógicas propias de los modelos desarrollistas occidentales, esto no resta vigencia y relevancia a los planteamientos del Buen Vivir, mejor llamados los buenos vivires, que se consideran hoy una realidad, como lo presenta Acosta (2016) en el artículo El Buen Vivir, una propuesta con potencialidad global. Las propuestas de los buenos vivires se reflejan en las prácticas de diversidad de comunidades a nivel mundial, principalmente en el Sur Global, bajo distintos nombres como el Buen Vivir o sumak kawsay (en kichwa), el Vivir Bien o suma qamaña (en aymara), ñande reko otekóporã (en guaraní) e incluso el Ubuntu en África y el Swaraj en la India (Acosta, 2016).

No es imposible avanzar en estos planteamientos de buenos vivires en las sociedades hoy inmersas en el capitalismo y las grandes ciudades. Sin duda es un reto enorme, pero existen muchas opciones para llevar a la práctica estas propuestas; opciones que deben partir no del gobierno ni del mercado sino de la democratización del poder, donde la sociedad tome un rol de participación activa y control social tanto en el campo como en la ciudad y desde lo local hasta lo global, mediante una visión más horizontal del poder y la autonomía territorial (Acosta, 2016).

De acuerdo a los argumentos presentados hasta el momento es posible entonces afirmar que la transición hacia modos de vida alternativos más sustentables en Latinoamérica, no solo es posible, sino que ya está en curso. Para continuar esta transición, es necesario avanzar hacia la descolonización y despatriarcalización en todos los ámbitos: intelectual, político, social, económico, cultural y de la naturaleza (Acosta, 2016). La descolonización es un proceso en curso (Rivera Cusicanqui, 2016) e implica recuperar y armonizar la relación del ser humano con la madre Tierra, pero también consiste en fortalecer la lucha en la que avanzan los movimientos poscoloniales latinoamericanos, por la recuperación del territorio y de todos los valores materiales y simbólicos que este comprende (Bohórquez, 2014).

Por su parte, la despatriarcalización implica recoger las enseñanzas de culturas matriarcales que se fundamentan en valores como la cooperación, el respeto por todas las formas de vida, la cocreación y la comprensión de los ciclos naturales regenerativos y continuos del planeta, en contraposición a culturas y sistemas patriarcales - como el capitalismo - que se caracterizan por “la dominación, la apropiación, la competencia, la agresión, la jerarquía, la creación a partir de la destrucción y la guerra” (Escobar, 2014a).

La Gran Transición civilizatoria implica vencer los dualismos de la modernidad, entendiendo los principios de reciprocidad y relacionalidad, que son clave para la comprensión de mundos pluriversales (Acosta, 2016). Estos principios indican que existe una profunda interrelación e interdependencia entre todo lo que existe en el mundo y que, por tanto, “nada preexiste a las relaciones que lo constituyen” (Escobar, 2014b).

En conclusión, la adopción de modelos de vida más sustentables y alternativos a los modelos occidentales hegemónicos no es una utopía; gran cantidad de pueblos y comunidades en Latinoamérica conviven hoy en armonía con la naturaleza y de acuerdo con los planteamientos de los buenos vivieres. Sin embargo persiste el gran reto de avanzar en este propósito a mayor escala, para lo cual se debe abordar de manera simultánea la despatriarcalización y la descolonización, comprender el mundo como pluriverso, escuchar la multiplicidad de visiones y voces existentes, para así liberarnos de los dogmas impuestos sobre nuestras sociedades (Acosta, 2016) y finalmente, practicar los principios de reciprocidad y relacionalidad (Escobar, 2014b) que nos permitan vivir una vida más digna, sustentable y en armonía con nuestra Madre Tierra.

 

Bibliografía

Acosta, Alberto. (2016). El Buen Vivir, una propuesta con potencialidad global. Investigaciones altoandinas, 18(2), 135-142.

Bohorquez, Luis Alfredo. (2014). La naturaleza en la posición enunciativa poscolonial: ¿es posible descolonizar la naturaleza? En J. Losada y J. Barrera (eds), Lecturas críticas del desarrollo: perspectivas latinoamericanas (pp. 25-70). Bogotá: Editorial Bonaventuriana.

Rivera Cusicanqui, Silvia.; Domingues, J.; Escobar, A. y Leff, E. (2016). Debate sobre el colonialismo intelectual y los dilemas de la teoría social latinoamericana. Cuestiones de Sociología, 14. Recuperado de http://www.cuestionessociologia.fahce.unlp.edu.ar/article/view/CSn14a09

Escobar, Arturo. (2014a). Más allá del desarrollo: Postdesarrollo y transiciones hacia el pluriverso. En J. Losada y J. Barrera (eds), Lecturas críticas del desarrollo: perspectivas latinoamericanas (pp. 25-70). Bogotá: Editorial Bonaventuriana.

Escobar, Arturo. (2014b). Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Medellín: Ediciones UNAULA.

Polo, Jorge. y Piñeiro, Eleder. (2019). Ciencia moderna, planeta torturado: Una reflexión crítica sobre el modo eurocéntrico de conocer la naturaleza e intervenir en el medio ambiente. Izquierdas, 46, 194-217.

Santos, Boaventura  (2011). Epistemologías del Sur. Utopía y praxis Latinoamericana, 16(54), 17-39.

Vallejo, Ivette, Zamora, Giannina y Sacher, William. (2019). Despojo(s), segregación social del espacio y territorios de resistencia en América Latina. Íconos 64, 23(2), 11-32.

 


[1] La extrahección es definida por Polo y Piñeiro (2019) como una forma de extractivismo que además incluye violencia y violación de derechos de indígenas, campesinos, mujeres, pueblos afrodescendientes y otras comunidades.

[2] Escobar (2014) define las ontologías relacionales como aquellas que evitan la concepción dualista del mundo derivada del pensamiento cartesiano (naturaleza-cultura, individuo-comunidad, nosotros-ellos) y proponen maneras diferentes de existir. Las concepciones latinoamericanas del mundo como pluriverso pueden caracterizarse como ontologías relacionales.

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