
Escrito en colaboración con: Michelle Carolina Jacome, Practicante Secretaría General Cider
La investigadora y profesora Laura Parra, egresada de la Maestría en Género del Cider, fue invitada a reflexionar sobre la reciente revolución del fallo histórico por la sentencia C-055-22 de la despenalización del aborto hasta las 24 semanas.
Basándose en su tesis de grado, titulada: Es gratis, pero es demasiada volteadera” Percepciones sobre la espera en mujeres que abortaron durante el segundo y tercer trimestre de gestación en Colombia, nos presenta una reflexión desde una perspectiva del por qué esperan y qué es lo que esperan las mujeres sobre las cuestiones del aborto en Colombia.
Laura Parra, nos invita a ampliar la palabra espera y no solo tomarla como el paso del tiempo, sino también incluir las acepciones de la palabra que refieren a lo deseado y proyectado. Por ejemplo, en la creencia de que las mujeres van a “esperar” hasta la 24 semana para abortar, está la idea preconcebida que las mujeres no somos responsables y no somos agentes de nuestra vida. Además, subyace la visión de que esperar es un verbo pasivo, “como si el cuerpo quedara en reposo”. En cambio, para Laura esta palabra está llena de acción: “las mujeres que deciden abortar despliegan todos los recursos a su alcance para interrumpir; al punto de que históricamente han perdido sus vidas procedimientos inseguros, deseando seguir vivas y en las condiciones que deseaban para ellas y sus familias” afirma la egresada. Por eso, para Laura la decisión de la Corte fue tan contundente, pues, a diferencia del 2005, la sentencia 055 enfatiza en que las únicas que pueden decidir si asumen el embarazo son las personas con capacidad de gestar, ya sea no únicamente en situaciones de vulneración de su derechos o riesgos para la salud.
Al respecto, Laura recuerda que la decisión de la Corte de establecer ese número de semanas se basa en la experiencia previa con la C-355, en la que se presentaron barreras para dilatar el proceso y aumentar el número de semanas. Esto con el objetivo de disuadir a las mujeres de seguir con el proceso, algo que ha afectado principalmente a las mujeres de las zonas más apartadas del país. Un ejemplo de ello es el siguiente testimonio recogido dentro de su trabajo.
“La psicóloga y la psicóloga […] Yo les decía - “es que no lo quiero tener, ayúdenme”. […] Se demoraron una semana en darme los papeles, el tiempo pasaba y cuando ya fui a la IPS me dijeron que por qué yo no había hecho rápido el procedimiento, yo les dije que en el centro de salud no me lo querían dar. (Camila, 19 años, residente de una zona rural, entrevista con la autora, julio de 2018)
Adicional a las barreras al interior de las EPS, ella explica que las condiciones de violencias también afectan el aumento de semanas de embarazo, pues limita el acceso a anticonceptivos y el contacto con terceros que puedan ayudarle. Vale recordar que según la ONU “el 63 % de las mujeres encuestadas dijeron que ellas mismas u otras mujeres que conocen habían experimentado alguna forma de violencia contra las mujeres. 11 % dijeron que esto ha empeorado como resultado de la pandemia” a la par que aumentaron los embarazos no deseados. En ese sentido, la investigadora espera que el fallo de la Corte sea una medida que contribuya a restaurar los derechos de las mujeres y mande un mensaje claro de que nunca es tardes para ir a la ESP. Al contrario, se esperaría que ahora que las mujeres pueden solicitar servicios de aborto en sus EPS, ahora den también el primer paso para romper el silencio y se activen las rutas de atención para la violencia.
En complemento, para la autora la Sentencia 055 ayuda a devolverle y dignificar el rol médico al enfocarse en los servicios de salud. Uno de los mayores problemas de la sentencia del 2006 era la Certificación de la Causal que le puso responsabilidades casi “policiales” que no le correspondían a estos profesionales. Al ser ellos los que certificaban la causal, sentían el peso de que si cumplían la sentencia los podrían demandar y preferían poner barreras.
Por eso, ve la despenalización del aborto hasta la semana 24 como un “fallo que puede ayudar mejorar la legitimidad del Estado, porque parte de las necesidades concretas de las mujeres y las personas con capacidad de gestar, acerca los servicios de salud a la población y presiona para que toda la población tenga acceso a los mismos derechos”. A lo que suma la necesidad de trabajar en los prejuicios, como lo evidencia el siguiente testimonio.
“Todo el mundo pasa mirando, así como los bichos raros […]. Pero yo digo, si vos estás es una profesión de esas tenés que respetar, podes no estar de acuerdo, tenés que tratar a todos por igual. (Amparo, 36 años, residente de una zona urbana, 23 semanas de embarazo, entrevista con la autora, julio de 2018)
De allí que la investigadora afirma que el gran reto es “feminizar la salud” para que pueda darse un reconocimiento acertado de las necesidades de las mujeres y personas con capacidad de gestar, se les trate de manera respetuosa y sin tabúes. “Cuando el prestador de salud está dispuesto a no juzgar, hay más posibilidades de que cuenten las condiciones de sus embarazos y podremos ayudarlas de mejor manera”. Lo cual traería efectos positivos para toda la sociedad, pues la Corte insistió en la necesidad de mejorar la educación sexual y todo el acceso a los programas de salud sexual y reproductiva.
Para finalizar, dice “esperamos que el gobierno nacional reciba y escuche las propuestas de las organizaciones de mujeres que se han ofrecido a acompañar con su experiencia la implementación de la sentencia 055 de 2022”.
Nos invita a desplazar la pregunta de por qué esperan las mujeres a, más bien, qué esperan las mujeres que abortan.