Rafael Forero
egresado de la Maestría en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo
rh.forero@uniandes.edu.co
26/03/2020

Redactado el 26 de marzo de 2020

Es muy pronto para sacar conclusiones, sin embargo, ya se pueden analizar algunos hechos y tendencias internacionales sobre el impacto del Covid-19 y las maneras en que diferentes gobiernos y autoridades locales intentan abordarlo. Tal vez el hecho más importante para analizar es que, por ahora, la gobernanza se muestra como una de las capacidades fundamentales para que autoridades, ciudadanos y organizaciones logren contener la pandemia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya fueron confirmados casi 500mil casos, las muertes ya rondan las 20mil y 196 países han sido afectados por el Covid-19. Por otro lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) reportó el pasado 20 de marzo que aproximadamente 3,4 trillones de dólares en ingresos dejarán de ser percibidos por los trabajadores del mundo este año, lo que en palabras de Naciones Unidas podría causar una “recesión global sin precedentes”. En Colombia hasta ahora se empieza a sentir el efecto de la pandemia, pues según el último reporte oficial en el país existen cerca de 500 diagnósticos positivos y el número de víctimas mortales afortunadamente no supera aún los dos dígitos. Sin embargo, el virus ya provocó una importante disminución de la actividad comercial y los primeros conflictos sociales relacionados con la seguridad y convivencia, como aquellos producidos por el amotinamiento en centros penitenciarios, debido entre otras razones, a las condiciones de hacinamiento en el que se encuentran los presos, o como el aumento de la xenofobia hacia las comunidades venezolanas cuyas mayorías hacen caso omiso al aislamiento y salen a las calles diariamente para asegurar su sustento, por mencionar solo un par de ejemplos.

En ambos escenarios, tanto en el internacional como en Colombia, los gobiernos están aplicando diversas medidas para contener el virus al mismo tiempo que intentan mermar sus efectos socio-económicos negativos. Es el caso de un importante número de países asiáticos, europeos y norteamericanos que han puesto en cuarentena sus principales ciudades y han cerrado sus fronteras. De igual forma y por “suerte” más temprano que en otras regiones del mundo, Latinoamérica implementó ya las primeras restricciones de viaje y cuarentenas en muchas de sus principales metrópolis. Por su parte, los bancos empezaron a intervenir las economías nacionales y a congelar algunos de sus créditos, los gobiernos anunciaron una cantidad de bonos y subsidios para la población menos favorecida -que también terminará siendo la más afectada con la crisis-, y sectores como las empresas privadas y las universidades prueban diversas soluciones digitales para mantener su operación.

Todas estas medidas requieren para su correcta implementación una alta capacidad de gobernanza que parece no ser el factor común alrededor del mundo actualmente. Requieren que distintos niveles de gobernó trabajen conjuntamente y logren acuerdos con el sector privado y la banca. Pero también requieren la cooperación de la ciudadanía para entender y cumplir las medidas decretadas. En Colombia quedó demostrado la semana pasada que solo el trabajo conjunto de gobiernos locales logró “convencer” al gobierno nacional de la urgencia de decretar una cuarentena en todo el país. Así mismo, diferentes presiones y labores pedagógicas desde el gobierno y con una gran participación de los medios de comunicación hicieron entrar en razón a la mayoría de colombianos -y aquellos que pueden- para que se queden en sus casas tanto como sea posible.

Contener la pandemia por Covid-19 se logrará en la medida en que aumente la cooperación al punto en que se consigan integrar de forma adecuada todas las soluciones que son requeridas con urgencia, tal como empezó a suceder en Colombia la semana pasada. Sin embargo, está visto que los intereses, enfoques, visiones y prioridades que tienen políticos, empresarios, banqueros, académicos, científicos, líderes y otros actores sociales, sobre cómo manejar esta crisis y en qué momento aplicar una u otra medida, definitivamente no son los mismos. Mientras que líderes europeos claman al resto del mundo protegerse cuanto antes, en muchos lugares de Latinoamérica, Asia y África todavía se está pensando cómo hacerlo y cuál podría ser el “mejor momento” para actuar con severidad.

El panorama internacional pone otra vez de relieve la fragilidad del sistema socio-económico global, pero también, resalta la gobernanza, entendida como la capacidad de cooperar, equilibrar distintos intereses, lograr acuerdos y generar acciones colectivas, como una de las herramientas necesarias para abordar esta crisis. En algunos lugares estos acuerdos y acciones colectivas han empezado a consolidarse, e incluso, han adquirido fuerza de ley. En otros, son por ahora voluntarios y se incumplen con frecuencia. Ojalá que los costos y sacrificios que implica cooperar no se conviertan en el talón de Aquiles que restrinja la gobernanza y retrasen el correcto abordaje de la que podría llegar a ser, muy posiblemente, una de las peores crisis que ha afrontado la humanidad desde los años oscuros de la Edad Media.

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